lunes, 16 de mayo de 2011

Mi madre tiene una capacidad especial para llamarme por teléfono en los momentos más inesperados e inoportunos. De todas sus llamadas recuerdo una especialmente: acababa de subir 365 escalones (si, uno por año, pero todos de golpe y el equivalente a subir 22 pisos de un edificio normal) cuando aún con la lengua fuera sonó el teléfono:

     Hola hija ¿dónde estás? -acabo de llegar a cima de la Pirámide del Sol, mamá

     ¿y porqué respiras fuerte?¿te pasa algo?-es que son muchos escalones y muy empinados…

    ¿y qué se ve?¿es bonito? y ahí por primera vez miré a mi alrededor y le dije-si mamá, es  precioso.

He recordado está anécdota porque hace unos días fue noticia el envío del primer tweet desde la cima del Everest. El protagonista de esta “hazaña” @kentooncool, dijo al respecto: “Yo ya he podido llegar a la cima del Everest 8 veces en el pasado, pero esta es la primera vez que puedo compartir en tiempo real la emoción de lograr esto con aquellos que se encuentran en mi hogar.”

Y yo me imagino al pobre Kenton, agotado tras un esfuerzo sobrehumano, con los dedos congelados y tras haberse hecho sus necesidades encima sacando el teléfono y diciendo-si mama, es precioso.

Lo siento si alguien me considera antigua o egoísta pero creo que hay momentos en la vida en que uno tiene que respirar hondo, mirar a sus compañeros de ascensión, disfrutar de sus logros y sentirse el Rey del Mundo por un instante. Pienso que ni un millón de tweets o llamadas pueden hacer sentir la emoción de un ascenso a alguien que no lo ha realizado y que hay que defender el derecho de  disfrutar de ciertos momentos en soledad.

Y dejad de poner antenas en el Himalaya, por favor!


Publicado por Oviaxadoiro @ 20:08  | Reflexiones viajeras
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Publicado por O Venturoso
lunes, 16 de mayo de 2011 | 20:43

Cuanta más tecnología tenemos, más romanticismo se le quitan a las acciones que en otro tiempo eran casi heroicas. Ya nada queda para uno solo, hay que compartirlo todo con todos.

Publicado por JRAlvaroGonzalez
martes, 17 de mayo de 2011 | 12:23

Muy acertada tu reflexion. El hombre este que subió a la montaña me pregunto ¿qué lo hizo para mandar un tweet? ¿para que los demás lo supiese? ¿O lo hizo como reto personal y sólo personal? Lo bueno es que según dices ya había estado antes allí con lo cual imagino que lo haría para tweetearlo, en cualquier caso creo que es de locos.

Eso y que dejen de poner antenas en el Himalaya.

Publicado por Buenavista55
miércoles, 25 de mayo de 2011 | 12:37

Simplemente decirte que estoy muy de acuerdo con lo que dices en el artículo. Hay algo que también me gustaría que se recuperase: el poder estar tranquilamente viajando en un tren o en un autocar disfrutando del viaje, sin tener que oir todas las llamadas de móvil o el zumbido de los ordenadores portátiles.

Publicado por Jose Carlos DS
martes, 31 de mayo de 2011 | 14:01

Totalmente verídico, eso de que en el momento más inoportuno te llamen y tengas que coger el telefono, más cuando estas en un destino alejado y cualquier segundo de demora es un pálpito en el corazón de la familia que quiere saber que estamos bien xDD

Desconocía lo del Everest y el tweet, hay que estar enganchado coño jaja

Saludos!!!

 

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